La energía de la creación

 La vida es un constante fluir de energía todo lo que nos rodea esta en constante movimiento. Partículas nacen y mueren en nuestro cuerpo al igual que lo hacen también en los cuerpos de los seres que nos rodean. Creo que es acertado decir que nada, absolutamente nada es estático. Anochece simplemente para que salga nuevamente el sol, y esa conjugación perfecta entre la vida y la muerte pueda seguir existiendo. Bailamos todos los días con la existencia, nos movemos con ella, nos nutrimos de ella y somos parte intrínseca de esa dualidad que caracteriza al mundo. 

Si aceptamos que todo está en constante movimiento, tendríamos también que aceptar que en ese fluir de energías está mezclada la nuestra también. Y por tanto no podemos escapar del coexistir colectivo. Nuestra energía se alimenta de la energía de otros seres que luchan consciente o inconscientemente por sobrevivir. El mundo es la cuna de estas interacciones y cada una de ellas lo sostiene. Todos hemos nacido de esa dualidad. Aunque en el acto de la procreación hay placer, nueve meses después hay un parto doloroso y esa es la promesa dual de la existencia. 

No somos sino la creación de una vida que algún día ha de morir. Pero en este camino tenemos que tomar una decisión importante. Hacia donde queremos ir. Quizás pensemos que estamos aquí para observar lo que nos sucede, para participar de la vida o del sueño de otros pero no del nuestro. Quizás hayamos comprendido a la vida como el “estudiar una carrera”, “cumplir con nuestro deber”, etc. Pero debemos preguntarnos verdaderamente cuál es nuestro propósito, sin responder a esa pregunta con los anhelos de alguien más. Preguntarnos “¿qué tan mías son mis decisiones?”, “¿cuánto he aceptado que el cambio es, quizás la única constante en mi vida?”. No estamos aquí para hacer realidad los sueños de otra persona, tampoco para sobrevivir a esta realidad. Estamos aquí para navegar la dualidad y salir de ella comprendiendo el poder que tenemos para crear. 


Ser espectadores, sentarse a esperar que algo bueno nos suceda, no es compatible con esa capacidad de expansión maravillosa con la que nacimos. La energía de la creación nos llama a tomar riesgos, a vivir, a despertar, a conectar con nuestros instintos, a reinventarnos las veces que sean necesarias, a buscar la comprensión de nuestra alma. La energía de la creación nos pide que no tengamos miedo de lo que soñamos, de lo que queremos para nosotros mismos. Es por eso que sentarnos a esperar que alguien más nos de una oportunidad es como creernos incapaces de transformar nuestra realidad.

Salir a poner los cimientos de nuestra propia creación y luego irla dibujando conforme vamos enriqueciéndonos con experiencias, es lo único que nos dará la satisfacción de que hoy llega a mi vida aquello que yo me permito crear y no aquello que siento que algún día me tocará.


No esperes “tu turno”, no postergues tu felicidad, no digas mañana. Crea hoy, baila hoy con el cosmos y no seas partícipe de las creaciones de otros. Crea tu propio sueño y vívelo todos los días, esa es la energía para la que fuiste creado. 

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