Gratitud: Un vínculo con el todo
A menudo damos por sentadas las cosas
que suceden a nuestro alrededor. Vivimos corriendo como si algo o alguien nos
persiguiera, y entre tanto apuro, poco o casi nada nos detenemos a ver las
pequeñas cosas, los detalles que hacen que nuestra realidad sea lo que es. Con facilidad
perdemos de vista nuestro valor y el valor de lo que nos rodea. Y al no saber
observar con atención, perdemos la capacidad de procesar aquello que es
relevante. La trascendencia de nuestros actos se ve diluida en nuestra persecución
del tiempo.
No vivimos conscientes, no
observamos detenidamente el momento en el que nos encontramos, damos por
sentadas las relaciones que tenemos, los contactos con seres humanos, los
trabajos, los paisajes, las emociones, y todo aquello que tenga un efecto sobre
nuestra existencia. Y esta falta de presencia es lo que explica nuestra falta
de gratitud.
Decir “gracias” es mucho más que
la unión de nuestros labios organizándose para articular un conjunto de
fonemas. Decir gracias es más profundo que el simplemente pronunciarlo. Decir gracias,
y mucho más que decirlo, actuarlo y sentirse comprometido con esta actitud
hacia la vida, tiene que ver con un proceso interno del que no todos son
participes.
La verdad es que al no vivir
conscientes realmente, desaprovechamos tanto del momento que nos alberga, una
gran parte de la esencia de existir se
desperdicia cuando olvidamos ser gratos. He aquí que exista una gran correlación
entre la conciencia y la gratitud. Para llegar a ser gratos, debemos trascender
al momento en que nos encontramos. Debemos cambiar nuestra óptica, empezar por
observar con atención aquellas cosas que pensamos que siempre estarán ahí.
Detenerse a observar lo cotidiano
con la mirada de un niño no es tarea fácil. El niño, en su inocencia, se sorprende
de todo, lo pregunta todo, se maravilla ante el mundo tal cual es y vive cada
segundo sin presionarse a sí mismo por el mañana. Hay actitudes que los adultos
hemos olvidado y unas cuantas cosas que hemos sobrevalorado, como el tiempo,
como lo material, como lo superfluo. Hace falta que nos maravillemos
constantemente de nuestro alrededor para poder apreciar lo que la vida tiene
para darnos.
A pesar de todos los días salir a
las calles ¿Cuándo realmente te has detenido a mirar el cielo? ¿Cuándo a
observar sus nubes y sus distintas formas?, ¿Cuándo fue la última vez que viste
realmente a los ojos a alguien, pasando por alto el color de su piel, la ropa
que llevaba puesta o status social? ¿Cuándo procuraste dar un abrazo consciente
a alguien que lo necesitaba? ¿Cuándo te lavaste los dientes consciente de que
el agua es un recurso del cual gozamos cuando a muchos les hace falta? Y así…
tantas cosas que hacemos en modo automático, sin sentirlas, sin agradecer, como
estupefactos, como máquinas. Los niños en cambio, observan todo como si fuese
la primera vez y esta actitud también la deberíamos tener nosotros, esforzarnos
por cultivarla a través de los años, para no olvidarnos que aquello que vamos
sumando cuando crecemos, también podría restarle valor a lo que es realmente
importante.
Agradecer es mucho más que una
palabra, es una actitud el poder mirar a quien tenemos en frente y decir
gracias a la vida, como la canción de Mercedes Sosa y sentirse uno con el
universo que nos regala la experiencia de poder vivir a alguien, a una situación,
a un animal, a un ser o a un paisaje. Gracias porque todo momento y todo
contacto es relevante y si lo vivo de manera consciente me ayudará a trascender
y a descubrir algo que le hacía falta a mi vida. Agradecer es vivir a la
expectativa de lo que nos trae cada segundo de la existencia, mirar a través de
la óptica de la empatía, de lo humano, de lo esencial. Agradecer es saberse
partícipe de algo que supera nuestro entendimiento, comprender que aunque no
todo vaya de acuerdo a mi plan, es necesario encontrar en cada cosa una motivación,
un momento crucial.
Para agradecer no es necesario
obtener grandes cosas, si aprendemos a observar encontraremos en los detalles
atisbos de lo más sublime, lo extraordinario está en lo cotidiano, en la
sonrisa de un niño, en la mirada da un anciano en la calle, en una conversación
que me dio paz, en el consejo que brindo a un amigo. Existen tantas cosas a las
que no prestamos atención y es en ellas donde podríamos hallar las más
profundas respuestas. Agradecer es el vínculo más estrecho que podemos
establecer con nuestra alma y el todo.
Cuando agradecemos, trascendemos.
Cuando vivimos conscientes, todo es un complemento a nuestra existencia, cuando
comprendemos a los demás, estos dejan de ser accesorios y se convierten en
canales para entender algo acerca de nosotros mismos. Cada momento, cada ser,
cada contacto es sustancial. Todo acontecer es un mensajero de algo que nos
hacía falta para nuestra sublimación. Cuando vivimos apurados, nos enajenamos
del alma. La grandeza está en no emanciparnos de lo cotidiano, sino hacer que
todo hecho aporte algo significativo a lo que somos, pues al final perece la
forma y permanece la esencia.

Agradezco tu existencia. tu amistad que me hace ser mejor persona cada día. te amo vaquita.
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