Rompecabezas del cielo

Vi resquebrajarse mi alma en pedazos
Habían en sus manos luciérnagas marchitas...
Sedienta y cansada aproximé mi deseo al abismo.
No sabía cuán profunda sería la caída...
Seguí caminando sin poder detenerme.

Son ya mil años de su partida y apenas seis meses de perderla...
La soñé todas las noches con un color distinto.
El dolor está impreso en mi como una cicatriz.
Ya no busco el sentido porque el amor es absurdo.

Armé más de un millón de rompecabezas del cielo y aún no puedo decirle adiós.
La mantengo firme en el pensamiento para que nada pueda hacerle daño.
Pero ella ya no lo sabe.
Me olvidó...

Y yo...

En cada nuevo amanecer la encuentro.

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