¿Somos Responsables de Nuestros Recuerdos?
Tengo la ligera impresión de que mis recuerdos me traicionan
de vez en cuando. Cuanto más he crecido, mucho más me he dado cuenta de que
nunca nada es tal como lo recuerdo. Aun
cuando me pueda aferrar a un pensamiento formado a partir de un recuerdo que
compartí con alguien más, este jamás será el mismo recuerdo para la otra
persona. Todos tenemos un filtro subjetivo que nos hace captar detalles
diferentes y por tanto adherirnos a la parte del recuerdo que nos provocó más
placer o displacer; y a partir de aquello se compromete nuestra visión del
mundo, esto que llamamos percepción.
La realidad no es
otra cosa que la percepción que nos hemos formado del mundo y sus matices. Todos
poseemos una paleta de colores y vamos enmarcando cada situación que nos
acontece en un color distinto, y a pesar de vivir hechos similares, podemos
formarnos una construcción totalmente diferente de una misma experiencia. Esta capacidad
de percibir cosas distintas, es tanto una riqueza como una herramienta para
crear disputas entre los seres humanos.
La memoria está lejos de ser infalible, pues ella no
reproduce los recuerdos en fidelidad a el hecho vivido, sino que se ajusta a
la subjetividad de cada uno. Entonces somos nosotros los responsables de
nuestra visión del mundo, ¿Es esto posible? ¿Bajo qué premisa es legítimo afirmar
que un ser humano tiene plena responsabilidad por aquello que se forma en su
cabeza como realidad?
La percepción que tenemos de las cosas, se forma de manera
inconsciente. Es decir, vamos arrastrando un bagaje de recuerdos que nos fueron
transmitidos a través de la experiencia, como lo mencione en alguno de mis
escritos anteriores, desde muchísimo antes de que seamos traídos al mundo por
nuestros padres. Hubo un pensamiento que nos originó, que es anterior al acontecimiento
de nacer. Este pensamiento se imprime en el marco de nuestra subjetividad y con
el asumimos de manera inconsciente nuestro primer indicio de subjetividad,
nuestra forma de recibir los hechos que suceden a nuestro alrededor está basada
en que tanta aceptación y no aceptación hemos percibido desde nuestros inicios.
El sentirnos aceptados/rechazados en el mundo es ese punto
clave que marcará toda nuestra opinión acerca de este. Sin embargo, ¿podemos
responsabilizar al otro por nuestra percepción del mundo? Y cuando digo otro,
me refiero a nuestros padres, no solo biológicos, sino a todo aquel que tuvo un
papel en la sensación de protección o rechazo que comenzamos a albergar dentro de
nosotros desde pequeños. ¿Qué es lo que hace que en un mismo hogar tres hijos
se formen una interpretación totalmente distinta de una misma forma de crianza?
¿Quién responde a ese sentimiento único que me pertenece como ser humano único e
irrepetible? ¿A quién le corresponde hacerse responsable de esa formación inconsciente
que delimita nuestra subjetividad?
Nos es imposible decir “en fidelidad a este recuerdo…tal o
cual cosa sucede” puesto que nuestra memoria ha almacenado aquello que a la
subjetividad le ha interesado y todo lo demás ha quedado descartado. Nos adherimos
a aquello que nos sirve como pretexto para seguir desarrollando nuestra percepción
del mundo. Siendo así, poco importa la fidelidad al hecho histórico, sino más
bien qué tanto este recuerdo nos es útil o nos aporta a nuestra forma de ver
las cosas.
El filósofo Kant dijo una vez “no vemos las cosas como son, sino como somos nosotros”. Es decir,
en adherencia a nuestro filtro, a nuestra realidad, que es ajena a la de al
lado. Es cierto que cada uno tiene su bagaje, sus creencias y sus filtros para
analizar lo que sucede en el mundo. Pero también es irremediablemente cierto,
que no podemos construir aquello sin otro que nos de la pauta para ello. Me atrevo
por tanto a declarar que se trata de una responsabilidad interdependiente,
donde no podemos eximirnos de nuestra parte del todo.
No solo los padres tienen la responsabilidad de crear un
mundo donde el individuo se sienta protegido y aceptado a pesar de la realidad
externa a la familia, sino también todo individuo que se cruce por la vida del
otro es responsable del trato que le da a este y la huella que aquello imprime en
el ser al cual trata. Llega un punto en nuestras vidas en el que por más
rechazados que hayamos sido en nuestra infancia, debemos responder ante el
trato que le damos al otro y sobre este, nadie es más responsable que uno
mismo.
Teniendo siempre presente que la memoria falla, hemos de ser
responsables por aquello que se le escapa a esta, pues a nadie más pertenece este contenido. Cuando
en un mismo hogar, los hijos responden de acuerdo a sus distintas percepciones,
nos damos cuenta que la crianza no es la verdadera responsable del
comportamiento que tiene ese hijo, sino más bien cómo su subjetividad ha jugado
el papel que más fiel ha sido hacia la aceptación o rechazo que este se formó
en un principio.
No podemos culpar al otro por nuestra percepción, aunque si
podemos entender esta en torno a las variables que contribuyeron a su formación.
No podemos creer totalmente en aquello que nuestra memoria reproduce como
recuerdos, pero si podemos comprender por qué este llego a ser crucial en la
vida de una persona. No podemos hacer caso omiso de la realidad subjetiva de
las partes que conforman un todo, pero podemos tener en cuenta que nuestro
recuerdo no es el único que está en juego cuando hay que juzgar un hecho.
Muchos de nuestros recuerdos nos traen a colación emociones
que nada tienen que ver con aquello que lo originó. Esto sucede porque ya
tenemos una previa concepción, un imaginario creado a partir de la idea del
otro que nos ha afectado para bien o para mal. Es este imaginario el que
debemos analizar cuando queramos culpar al otro de nuestro sentir. La percepción
no se trata solamente de aquello que hemos recibido, sino también de aquello
que una vez introyectado, decidimos tomar en consideración. Tenemos una
responsabilidad sobre nuestros recuerdos, y esta es administrarlos de tal forma
que nuestra percepción nos haga funcionales.
Me parece muy interesante tu punto de vista, sobre todo la conclusión. Mi propio análisis me genera la siguiente interrogante, que recuerdos quiero tener en lo futuro? Me respondo, los que merezca, es decir aquellos que cultivado responsablemente, haciendo el bien a todos.
ResponderEliminar